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miércoles, 5 de septiembre de 2012

¿PODEMOS APRENDER?


Existen según Philippe Meirieu, dos corrientes de pensamiento para entender la educación y el proceso de aprendizaje: una que prioriza la promoción de lo endógeno y, la otra, la organización de lo exógeno; los partidarios de la primera rechazan de forma radical a los partidarios de la segunda corriente, sosteniendo que nadie puede influir en el sujeto sino el sujeto mismo, y los partidarios de la segunda niegan esta argumentación subrayando que el sujeto, reducido a él mismo, es bien pobre y “que no existe ningún ejemplo de que un ser humano haya podido alcanzar el status de adulto sin que hayan intervenido en su vida otros seres humanos, estos últimos adultos”.


Para Meirieu es muy difícil optar entre ambas corrientes que parecen negarse una a la otra. Ya en Platón y Sócrates, el maestro es el “alumbrador”, ayuda a sacar a la luz los conocimientos del individuo.

A favor de la corriente de lo “endógeno” reconoce que la evidencia nos muestra indudablemente que únicamente se llega al saber a través del camino que lleva a él y al conocimiento a través de la apropiación que de él hace el sujeto. Al respecto, recuerda lo que decía C.Rogers: “el único aprendizaje que afecta realmente al comportamiento del individuo es aquel que descubre por sí mismo y del que se apropia”.

Por otro lado, cita a Durkheim, quien considera que: “la educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que aún no están maduras para la vida social. Tiene como objeto despertar y desarrollar en el niño una cierta cantidad de estados físicos, intelectuales y morales que le requiere la sociedad política en su conjunto y el medio social al cual está destinado”.

Si mi libertad sólo es posible en relación con la exterioridad, con mayor motivo el aprendizaje sólo podrá surgir si desde fuera un ser, una institución o una herramienta, vienen a proporcionarme los elementos sin los cuales estaría sordo, ciego y mudo para siempre.

Ante estas dos opciones se pregunta Meirieu, ¿qué opción podemos escoger? El “justo medio” no tendría ningún sentido porque vaciaría a cada una de su fuerza, y relativizándolas, les haría perder todo interés.


“LA VANA ESPERANZA DE LA SÍNTESIS TEÓRICA: SÓLO LO CONCRETO DE LAS PRÁCTICAS NOS INVITA A ASUMIR LA TENSIÓN Y A VIVIRLA EN LA HISTORIA”

Resalta Meirieu que cualquier relación pedagógica entre dos personas está siempre en tensión: al deseo legítimo de inculcación y de instrumentalización social del maestro se opone la resistencia del alumno. Esto no significa que sea imposible una transmisión del conocimiento pero esto no es un proceso mecánico.

J. Piaget no rechazaba la existencia de lo dado ni la de lo adquirido (lo endógeno y lo exógeno) sino que demostró que es en el diálogo entre ambos donde tiene lugar el conocimiento. Gracias a lo que soy y mediante lo que soy, puedo recoger y asimilar nuevos hechos, enriqueciendo y modificando así lo que soy; nuevas estructuras sustituyen a las anteriores, y este equilibrio me permite acceder a una nueva adquisición.


“AL IGUAL QUE ARQUÍMEDES, CONCLUÍMOS QUE CON UN PUNTO DE APOYO PUEDEN HACERSE MUCHAS COSAS”

Está claro según el autor que sólo se da la “transmisión” cuando un proyecto de enseñanza se encuentra con un proyecto de aprendizaje, cuando se forma un lazo, aunque frágil, entre un sujeto que puede aprender y un sujeto que quiere enseñar.

Ahora bien, ¿qué puede hacer entonces el maestro para que esta transmisión se efectúe?
Lo que debe buscar, es en primer lugar, un punto de apoyo en el alumno, incluso tenue, donde articular un soporte y situar un incentivo a fin de ayudar al sujeto a desarrollarse. Quizá a veces sea sólo un deseo de saber y de comprender nacido de una situación completamente ajena a la escuela o podría tratarse también de capacidades adquiridas en el transcurso de su historia personal y escolar. No lo sabemos, no hay reglas.

Pero también será necesario que el maestro, por una parte, domine el conocimiento que quiere transmitir y explore todas la formas para hacerlo.

Sólo a través de esos dos aspectos podrá darse, entiende Meirieu, que puede darse esa correspondencia entre los intereses de maestro y alumno, el deseo de enseñar y el deseo de aprender.


BIBLIOGRAFÍA:
- P. MEIRIEU, "APRENDER, SÍ, PERO ¿CÓMO?", CAP. 1.

LA TRANSPOSICIÓN DIDÁCTICA


Este texto de Chevallard está constituido por las notas preparatorias a un curso que dictó en ocasión de la Primera Escuela de Verano de didáctica de las matemáticas, llevada a cabo en Chamrousse del 7 al 19 de julio de 1980.

Chevallard representa el sistema didáctico como compuesto por la terna P: el enseñante, E: los alumnos, S: el saber enseñado y, las interrelaciones entre ellos. El entorno inmediato del sistema está constituido inicialmente por el sistema de enseñanza, que reúne el conjunto de todos los sistemas didácticos. El sistema de enseñanza posee a su como entorno lo que llama la sociedad, la sociedad “laica”, por contraste con esa sociedad de expertos que es el sistema de enseñanza/educativo. Simplificando, considera a la sociedad laica como constituida por los padres y los académicos, y los órganos de gobierno del sistema de enseñanza.





Está claro que para que el sistema sobreviva debe darse una compatibilización con el medio social. Por este motivo, en medio del sistema de enseñanza y el entorno social debe darse una instancia intermedia que denomina noosfera. En esta área es donde se encuentran todos aquellos que ocupan los puestos principales dentro del sistema didáctico, negocian y buscan las soluciones a los problemas (sindicato de profesores, los padres de los alumnos, los especialistas de la disciplina que militan en torno de su enseñanza, los emisarios del órgano político).

¿Por qué debe operarse esta compatibilización? Por un lado, el saber enseñado debe ser visto, por los mismos “académicos”, como suficientemente cercano al saber sabio a fin de no provocar la desautorización de los maestros, lo cual minaría la legitimidad del proyecto social, socialmente aceptado y sostenido, de su enseñanza. Por otra parte simultáneamente el saber enseñado debe aparecer como algo suficientemente alejado del saber de los “padres” es decir, del saber banalizado en la sociedad. Pero hay otra razón y es que el saber enseñado se gasta, dice Chevallard, en el sentido de que queda obsoleto, bien por el avance propio en los descubrimientos de una ciencia o bien porque un determinado tema deja de convertirse en importante para esa ciencia.

Sea como fuere, este desgaste del saber enseñado supone la incompatibilización del sistema de enseñanza con su entorno. Un nuevo aporte acorta la distancia con el saber sabio, el de los especialistas; y pone a distancia a los padres. Allí se encuentra el origen del proceso de transposición didáctica.

Los métodos de enseñanza podrían constituir una variable de ajuste en ese proceso de compatibilización, pero la evidencia los ha mostrado como muy poco efectivos. La manipulación del saber, o sea, de los contenidos de los programas sí es  una variable de control muy sensible que permite obtener efectos espectaculares con menores gastos y sobre la cual el sistema político tiene asegurado el control. La noosfera optará entonces prioritariamente por un reequilibrio por medio de una manipulación del saber, seleccionando los elementos del saber sabio que integrarán el saber a enseñar,  también es ésta la que va a asumir la parte visible de ese trabajo, lo que podemos llamar el trabajo externo de la transposición didáctica, por oposición al trabajo interno, que se realiza en el interior mismo del sistema de enseñanza, bastante después de la introducción oficial de los nuevos elementos en el saber enseñado.